30/08/2026

Cómo sentirte cómoda delante de la cámara en una sesión familiar

Hay una frase que escucho muchísimo antes de una sesión:

«A mí no se me da bien salir en las fotos».

A veces viene acompañada de un «no sé posar», «siempre salgo fatal» o «haz fotos sobre todo a los niños, que yo prefiero aparecer poquito».

Y lo entiendo. Ponerse delante de una cámara puede resultar extraño, especialmente si hace tiempo que no te fotografías o si no terminas de reconocerte en el momento en el que estás ahora.

Pero quiero contarte algo: no necesitas saber posar ni sentirte completamente segura delante de la cámara para tener unas fotografías bonitas con tu familia.

De eso me encargo yo.

Familia con bebé durante una sesión de fotos familiar en Santiago de Compostela

No tienes que saber qué hacer

Una sesión familiar no es un examen. No necesitáis practicar sonrisas, buscar poses en internet ni avisar constantemente a los niños para que miren a la cámara.

Os iré guiando durante toda la sesión. A veces os pediré que os acerquéis un poquito, que abracéis a uno de vuestros hijos o que miréis a la persona que tenéis al lado. Otras veces apenas tendré que intervenir.

Mi trabajo no consiste solamente en pulsar un botón. También consiste en observaros, encontrar la luz que más os favorece, cuidar las posturas y conseguir que poco a poco dejéis de pensar en la cámara.

No espero que sepáis hacerlo. Para eso estoy yo.

Padres abrazando a sus tres hijos durante una sesión familiar natural

Tus hijos tampoco tienen que comportarse de una manera especial

Esta es otra preocupación muy habitual: «No sé si mi hijo va a colaborar».

Los niños pequeños no suelen entender por qué deberían quedarse quietos y sonreír justo cuando se lo pedimos. Y no pasa nada.

Algunos llegan con ganas de tocarlo todo. Otros necesitan observar durante un rato. Algunos se ríen enseguida y otros apenas sonríen, pero se acurrucan contra su madre de una forma preciosa.

No necesito niños perfectamente quietos. Necesito conocerlos un poquito, respetar su ritmo y dejar espacio para que aparezcan sus gestos de verdad: una carcajada, una mano pequeña agarrada a la vuestra, un abrazo inesperado o esa expresión tan suya que quizá dentro de unos años ya no recordéis con tanta claridad.

Madre abrazando a sus hijos en una sesión de fotografía familiar

Cuéntame aquello que te preocupa

Si hay algo que te hace sentir incómoda al verte en una fotografía, puedes decírmelo.

Quizá prefieres que no haga determinados planos. Tal vez hay una cicatriz que te incomoda, un lado de tu rostro que te gusta más o una parte de tu cuerpo con la que ahora mismo no te sientes del todo a gusto.

Quiero saberlo.

No porque crea que haya algo que esconder, sino porque conocerlo me permite fotografiarte con más cuidado y evitar que pases toda la sesión pensando en ello.

Puedes contármelo en privado antes de empezar. Lo tendré en cuenta al escoger la luz, los ángulos y la manera de guiaros. Quedará hablado y tú podrás olvidarte de ello para concentrarte en algo mucho más importante: estar con los tuyos y disfrutar.

Madre con su bebé en brazos durante una sesión de fotos en estudio

Qué puede hacer la edición… y qué no

La edición se parece un poco a un buen corte de pelo: no te convierte en otra persona, pero puede ayudarte a verte como la mejor versión de ti misma.

En todas las fotografías cuido el color, la luz y el tono de la piel. También puedo retirar un granito que apareció esa misma mañana, un pequeño moratón, un arañazo o algún cabello que cruza el rostro. Son detalles pasajeros que no forman parte de ti.

Lo que no hago habitualmente es transformar los cuerpos, adelgazar figuras o modificar los rasgos hasta convertirlos en otros.

Prefiero ser honesta con esto.

No quiero que mires una fotografía dentro de unos años y sientas que la persona que aparece en ella no eres tú. Mi intención no es hacerte diferente, sino fotografiarte con sensibilidad, buscar aquello que más te favorece y ayudarte a verte con la misma ternura con la que probablemente te miran las personas que te quieren.

Intenta no dejarte siempre fuera

Muchas veces sois vosotras quienes hacéis las fotografías familiares. Guardáis cientos de imágenes de vuestros hijos, sus cumpleaños, las vacaciones y todos esos pequeños momentos cotidianos… pero apenas aparecéis en ellas.

Y cuando llega el momento de una sesión, volvéis a colocaros al margen: «Hazles fotos a ellos. Yo con salir en un par tengo suficiente».

Lo comprendo. Pero también me da un poquito de pena.

Para tus hijos, estas fotografías no hablarán de si aquel día habías dormido bien, de los kilos que querías perder o de esa parte de ti que tanto te preocupaba. Hablarán de cómo los abrazabas, de la forma en la que te miraban y de vuestra familia tal y como era en ese momento.

Tú también formas parte de esa historia. No hace falta que te sientas perfecta para aparecer en ella.

Madre junto a su bebé durante una sesión familiar luminosa

No hace falta que todo salga perfecto

No puedo prometer que todos los niños mirarán a la cámara al mismo tiempo, que nadie se despeinará o que todo sucederá exactamente como lo habíamos imaginado. Y, sinceramente, tampoco creo que eso sea lo más importante.

Para vuestra sesión familiar solo os pido dos cosas: quereros y disfrutar.

Yo me ocuparé del resto. Os ayudaré con el vestuario, os guiaré cuando lo necesitéis y estaré pendiente de la luz, los gestos y todos esos pequeños detalles que hacen que una fotografía funcione.

No tenéis que saber posar. No tenéis que ser una familia perfecta. Solo tenéis que venir siendo vosotros.

Porque el tiempo no se detiene. Pero puedo ayudaros a volver a él.

Si estás buscando una sesión de fotos familiar en Santiago de Compostela o alrededores, puedes descubrir cómo son mis sesiones familiares y consultar toda la información.