CITA PREVIA

Daniela volvió al estudio para celebrar su primer año, y esta sesión de fotos de primer cumpleaños en Santiago de Compostela tenía para mí un pequeño reto añadido: conseguir que se fiase un poquito más de mí. La conozco desde que era muy bebé y, si soy sincera, en sus sesiones anteriores no me lo puso nada fácil. Ella siempre ha necesitado observar, medir las distancias y decidir por sí misma cuándo estaba preparada. Esta vez creo que, por fin, empezamos a entendernos.
Con los bebés pasa esto: no hay trucos universales. Algunos entran regalando sonrisas y otros necesitan quedarse cerquita de mamá y papá, jugar un rato y comprobar que aquí no pasa nada raro. Yo prefiero esperar. Cuando dejamos de pedirles cosas y les damos espacio, empiezan a aparecer ellos de verdad.
Con Daniela, mamá y papá fueron su lugar seguro y también mis mejores aliados. Besos, brazos, juegos, un choque de manos… Ahí ya no hacía falta pedirle casi nada. Solo estar pendiente y dejar que pasasen cosas.

Después sí, tocaba celebrar. Un decorado claro, flores, madera, su tarta y un vestido blanco que dejaba todo el protagonismo donde tenía que estar. No necesito mucho más. A esta edad lo bonito ya lo ponen ellos: probar la tarta con los dedos, desmontar lo que tú acabas de colocar y hacer con cada cosa exactamente lo que les apetece.




Y para terminar, el baño. Aquí sí… Daniela se olvidó bastante de mí. Agua, salpicaduras y esa risa que llevaba varias visitas intentando ganarme. Creo que ya podemos decir que vamos siendo amigas.


Hay algo muy bonito en fotografiar a los mismos niños una y otra vez: las fotos cambian, ellos cambian y también cambia la relación conmigo. Gracias a sus papás por volver, por confiar y por dejarme guardar un trocito de cada etapa.
Si tu bebé también está a punto de cumplir un año, puedes ver aquí cómo son mis sesiones de primer cumpleaños en Santiago de Compostela.


